La violencia anda libre en Toronto
No se necesita haber sido cercano, amigo o familiar de Laura Ríos para sentir desazón e impotencia ante la noticia de su violento y cobarde asesinato.
Es el crimen contra un ser humano. Contra una mujer -siempre vulnerables en la sociedad; contra una madre, imagen sagrada de la creación. Punto.
Ella era colombiana, pero también canadiense y lo que debe preocuparnos aquí no es buscar una razón que explique o justifique al o los asesino(s). Nunca podrá explicarse o justificarse un asesinato. Así de simple.
Lo que debemos es notar que ella fue la víctima número 58 de muerte violenta en esta ciudad en el 2009. Y la cuenta ya pasó de 60 en menos de una semana. Una sola muerte en esa circunstancias es demasiada para un país tranquilo y civilizado como es Canadá.
Preguntémonos qué hacen las autoridades para prevenir el delito. Y sí se sabe que no fue un ataque al azar o por confusión sino producto de un movimiento calculado. Si así fue, cómo resulta tan fácil para el crimen organizado esperar a su víctima con paciencia y sin miedo de que alguien se percate de su maliciosa presencia; cómo pueden realizar su fechorías sin que les importe hacerlo delante de menores inocentes o que haya cámaras -irónicamente llamadas de seguridad- y que luego huyan impávidos y se vuelvan humo en la oscuridad de la noche.
¿Y la policía?: ¡muy bien, gracias!.
Aprecio que la sargento a cargo de la investigación haya dicho en la rueda de prensa que no hay motivos para pensar que la muerte de Laura Ríos esté relacionada con actividades ilícitas y que no se le puede dar la razón al asesino.
Pero me preocupa que comienzan investigando posibles causas relacionadas con violencia domestica, basados en que estadísticamente cuando hay crímenes contra mujeres es allí donde está el móvil de muchos casos. Que no pierdan tiempo precioso buscando por donde no es… eso es lo que me preocupa. Que el estereotipo conduzca al facilismo de creer que una madre soltera (latina) puede haber sido víctima de una venganza pasional.
La mirada debe ser más amplia. La violencia anda tranquila en las calles de Toronto.
Hace poco mataron un señor en un paradero de Wellesley y Bay -en pleno centro. Luego acribillan una mujer en la misma calle, pero al este, a pocas cuadras. Y nada pasa. O sí, si pasa… pero no importa. Pareciera que simplemente son siempre casos individuales que tendrán un móvil particular.
Ya vendrán las declaraciones de los políticos diciendo que el problema es el registro de armas o el contrabando de armas desde Estados Unidos.
Pero la verdad es que lo que falta es que se analicen las causas estructurales de la escalada de la violencia particularmente en Toronto. Al tiempo, claro está, que se hacen las averiguaciones de los casos individuales para castigar a los culpables.
La ironía es que muchos vinimos a este país huyendo del azaro que estrangula, de la violencia cruda que hay en nuestros países -incluido el nuestro (Colombia)-. ‘De Guatemala a Guatepeor’, como dice el dicho -y que me excusen los amigos chapines por usar el nombre de su país.
Deberíamos hacer sonar las alarmas los que alguna vez supimos que era más fácil dar con una bala perdida -o una bala ordenada- que ganarse la lotería.
No basta con sentirnos impotentes y abatidos por el asesinato vil de una persona de nuestra comunidad. El asunto no es el porqué le propinaron cinco tiros a una colombiana que tenía un negocio de carga marítima entre Canadá y Latinoamérica.
La pregunta es: ¿por qué en vez de un espíritu navideño de paz respiramos un ambiente de tensión y violencia en un país del primer mundo como Canadá?.




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